Un botón traductor no convierte su web en multiidioma. Google solo indexa lo que tiene dirección propia. Construimos una versión real por idioma: esta web funciona en seis y la de un cliente en diez.
/nl/, /pl/, /en/ — cada idioma con una URL que Google indexa y posiciona por separado. Un widget traductor no añade visibilidad.
Cada página apunta a sus equivalentes en los demás idiomas, con x-default. Sin eso sus propias versiones compiten entre sí.
Los textos se escriben por idioma y los revisa alguien que lo habla. Un lector detecta la traducción automática en dos frases.
premiumhouses.nl funciona en diez idiomas, lookartsvision.com en seis, d-kozijnen.nl en nueve. Las tres construidas por nosotros.
La tentación es evidente: un botón y listo. El problema es que ese botón solo sustituye el texto en el navegador. No existe una segunda página, así que no hay nada que indexar: en polaco o en alemán sigue siendo igual de invisible.
El segundo error es más sutil: redirigir automáticamente según el idioma del navegador. Un rastreador con cabecera inglesa recibe entonces una redirección en lugar de la página pedida. Lo revertimos en esta misma web.
Cada cambio de precio debe entrar en cada idioma. Conviene empezar con dos idiomas que de verdad aporten.
Escribimos neerlandés, polaco e inglés. Para textos legales o médicos en otros idiomas es mejor un traductor jurado.
Para la visibilidad sí: no se crea una segunda página, así que Google no tiene nada que indexar.
Menos de lo que se cree, porque la estructura ya existe. El coste está en los textos y la revisión.
Sí. El montaje está preparado desde el primer día: añadir un idioma es añadir textos.
Por los enlaces hreflang entre todas las versiones más un x-default. Lo verificamos tras el lanzamiento con nuestro propio checker SEO.
Díganos a quién quiere llegar y en qué idioma. Le diremos qué idiomas tienen sentido y cuáles no.
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